
La participación de DENA BILBAO en la Final de la UEFA en San Mamés comenzó siete meses antes del evento, a raíz de un encargo internacional que dio inicio a un proyecto artístico y logístico de gran complejidad. Una productora alemana de primer nivel contactó con el equipo para asumir parte de la producción artística del espectáculo, con un objetivo muy concreto: llevar la cultura vasca al centro de uno de los eventos deportivos más relevantes del mundo.
Desde ese primer contacto quedó claro que no se trataba únicamente de diseñar una intervención artística puntual. El proyecto exigía una planificación a largo plazo, una coordinación minuciosa y una capacidad de gestión acorde a los estándares de un evento con alcance internacional y máxima visibilidad mediática.
Cultura vasca en un evento deportivo internacional
El planteamiento artístico tenía un eje central claro: integrar elementos representativos de la cultura vasca dentro de un espectáculo deportivo global, respetando tanto la tradición como el contexto en el que se desarrollaba el evento.
Para ello, DENA BILBAO asumió la coordinación de distintas actuaciones que debían convivir en un mismo espacio escénico y bajo unas condiciones técnicas muy exigentes. El proyecto incluía:
- Ocho parejas de dantzaris encargadas de interpretar un Aurresku solemne sobre el césped de San Mamés.
- Una banda de diez txikiteros que puso la banda sonora a la previa del encuentro.
- Cuatro “Mirror Dancers” responsables de generar un impacto visual específico en las zonas VIP del estadio.
Cada una de estas propuestas requería un tratamiento distinto, tanto a nivel artístico como organizativo. No se trataba sólo de coordinar actuaciones, sino de integrarlas dentro de un engranaje mayor en el que todo debía encajar con precisión.
Un segundo encargo internacional que amplió el alcance del proyecto
Apenas dos semanas después de iniciar el trabajo con la productora alemana, DENA BILBAO recibió un segundo encargo internacional. En esta ocasión, una empresa inglesa contactó con el equipo para solicitar la gestión de un proyecto similar al que ya se había desarrollado para MTV en Bilbao en 2018.
El nuevo encargo consistía en la contratación y coordinación de 60 bailarines y bailarinas de danza urbana que participarían en una de las actuaciones sobre el campo durante la final. Este segundo proyecto supuso un incremento notable en el volumen de trabajo y en la complejidad general de la producción.
A partir de ese momento, DENA BILBAO pasó a desempeñar un papel que fue mucho más allá de la dirección artística, asumiendo funciones de producción local y convirtiéndose en el enlace operativo entre los equipos alemán, inglés y los artistas implicados.
Producción artística y coordinación entre equipos internacionales
Uno de los principales retos del proyecto fue la coordinación entre equipos procedentes de distintos países, con idiomas, ritmos de trabajo y metodologías diferentes. Actuar como puente entre estas realidades exigía una comunicación constante, clara y extremadamente precisa.
En un evento de estas características, cada decisión tiene impacto directo en el resultado final. Los tiempos están marcados, los espacios limitados y los protocolos muy definidos. Por ello, la coordinación debía ser fluida y anticiparse a cualquier posible incidencia.
Además, fue necesario gestionar un casting de alta precisión. Artistas de disciplinas muy distintas (danza tradicional, música popular, danza urbana y performance visual) debían cumplir no sólo con criterios artísticos, sino también con estándares profesionales acordes a un evento de talla mundial.
El trabajo invisible detrás de un gran espectáculo
Más allá de la parte creativa, una parte fundamental del proyecto fue la gestión administrativa y documental. Este es un aspecto que rara vez se percibe desde fuera, pero que resulta determinante en la producción de eventos internacionales.
Durante el proceso fue necesario coordinar contratos internacionales, pólizas de seguros de responsabilidad civil con coberturas elevadas, certificados de la Seguridad Social de cada artista y planes de riesgos laborales extremadamente detallados, exigidos por la UEFA.
Cada acceso al estadio, cada ensayo y cada intervención artística estaban perfectamente planificados y regulados. No existía margen para la improvisación ni para el error. Todo debía cumplir con protocolos estrictos y ser validado previamente por las distintas entidades implicadas.
Semanas de presión, planificación y ajuste continuo
Las semanas previas a la Final de la UEFA estuvieron marcadas por una intensa carga de trabajo. Reuniones constantes, llamadas y ajustes de última hora formaron parte del día a día del equipo.
La presión era elevada, tanto por la visibilidad del evento como por el nivel de exigencia que implica trabajar con organismos y productoras de primer nivel. Sin embargo, la planificación previa y la coordinación entre todos los agentes implicados permitieron que el proyecto avanzara según lo previsto.
Este tipo de producciones ponen a prueba no solo la capacidad artística, sino también la solidez organizativa y la experiencia en la gestión de proyectos complejos.
El resultado final en San Mamés
El día del evento, San Mamés se convirtió en el escenario final de meses de trabajo silencioso. Cada una de las actuaciones se desarrolló conforme a lo planificado, integrándose de forma natural en el conjunto del espectáculo.
El impacto fue evidente tanto a nivel artístico como visual. La cultura vasca estuvo presente en un evento deportivo global, respetando su identidad y adaptándose a un contexto internacional de máxima exigencia.
Orgullo de equipo y proyección internacional
Más allá del resultado final, el mayor motivo de orgullo fue el trabajo del equipo. La profesionalidad de cada artista y la capacidad de gestión demostrada durante todo el proceso confirmaron que DENA BILBAO es mucho más que una escuela.
Es un equipo preparado para asumir la complejidad y la presión de eventos de talla mundial, colaborar con productoras internacionales de primer nivel y cumplir con los estándares más exigentes del sector.
Todo ello, además, desde Bilbao. Porque detrás de cada gran espectáculo hay un trabajo que no se ve, pero que resulta esencial para que todo funcione.



